Cocinar en Tardor, un placer social

Quedaba una semana para la gran comida de Navidad en el comedor social Tardor y las voluntarias Juana María Vidal y su compañera habían concertado una cita para conocer al cocinero responsable: “Queríamos saber en qué iba a consistir el menú y cómo podíamos ayudar”.

Tal y como relata esta voluntaria mallorquina, tenían por delante un ambicioso reto: “cien comensales y un menú muy elaborado”.

Lo primero fue hacer la compra y lo segundo preparar las 300 albóndigas que iban a ir dentro del caldo mallorquín. Para el segundo plato habían pensado cocinar sobre la marcha: “Nada más y nada menos que un solomillo Wellington, algo muy arriesgado pero que si salía bien iba a ser muy satisfactorio”. Por eso, para el gran día se esperaban casi una quincena de voluntarios: unos iban a decorar la sala, otros a poner una elegante mesa y el resto, en la cocina, donde se necesitaban más manos. “Fue maravilloso ver cómo trabajamos en equipo, con solo mirarnos sabíamos que estábamos disfrutando con lo que hacíamos”. Al finalizar la jornada, que duró ocho horas sin descanso, los comensales les despidieron con un cálido aplauso en señal de agradecimiento. Habían cocinado con esmero y mucho cariño y se notaba en cada bocado: “Ver cómo comían fue un auténtico placer”.

Juana María asistió al convite con su hijo y su cuñada: “todos estábamos muy involucrados” y no es para menos, ya que esta voluntaria contagia su implicación con el voluntariado. Desde que se jubiló hace ya cuatro años, dedica el 80 % de su tiempo libre a los demás e indirectamente a ella misma: “Siempre había querido hacer voluntariado, pero mis compromisos laborales y familiares me impedían hacerlo”. Así que el día que se jubiló decidió que ya era hora de dedicarse de pleno a lo que tanto anhelaba: “Ser voluntaria sin reloj”.

Con solo mirarnos sabíamos que disfrutábamos con lo que hacíamos

Juana María Vidal

Entre otras actividades, todas las semanas asiste a una residencia y pasa un rato con las personas mayores que viven allí: “algunas tienen familia y otras están solas” explica, “pero lo que todas tienen en común es que se divierten bailando boleros y bailes mallorquines”.

Juana María forma parte de la Junta de Delegados de Baleares y su compromiso se centra no solo en las personas mayores, sino también en las personas con discapacidad y los temas relacionados con la salud. Hace poco acompañó a un grupo de niños al cine: “Lo pasamos en grande, después de la sesión nos deleitamos con un chocolate con ensaimada” revela con una sonrisa.

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