De ser beneficiario a ser voluntario

Cada voluntario lleva consigo unos motivos y una historia detrás de su decisión de participar en el voluntariado, y que inevitablemente da sentido a su experiencia.

La historia de Carlos Cejudo, voluntario de Lanzarote, es una de esas en las que se puede comprobar de primera mano que el trabajo que realizan los voluntarios realmente llega a las personas, ya que él es la prueba de ello.

Hace siete años, su madre pasó por una grave enfermedad y fue entonces cuando entró en contacto con los Voluntarios de ”la Caixa”. Él y su madre fueron beneficiarios y pudieron comprobar en su propia experiencia la importantísima labor que realizan los voluntarios: “en esos duros momentos encontré a una familia que me ayudó a distraerme y compartir buenos instantes, tanto con ellos como con los beneficiarios”.

Poco a poco y a medida que su madre iba recuperándose, y sobre todo, contagiándole sus ganas de vivir, Carlos empezó a dedicarse cada vez más a ayudar a los demás, sobre todo a los más mayores que lamentablemente sufren la soledad algo cada vez más común al final de la vida: “Una de mis debilidades son los mayores que viven solos sin siquiera recibir visitas de ningún familiar. Cuando vamos a verles, me emociona que solo con un abrazo vuelven a sentirse en su hogar”.

Cada acción que vivo como voluntario me hace sentir mejor

Carlos Cejudo Betancor

Con cada acción que vive y cada iniciativa en la que participa, Carlos siente que aporta su granito de arena a la sociedad, devolviendo lo que en su día él también necesitó, aunque solo sea compartiendo algo de su conocimiento o incluso un poco de buen humor.