La satisfacción de ayudar

Maria Luisa Suárez Naranjo, voluntaria de Canarias describe el voluntariado como la experiencia más gratificante y satisfactoria que hay.

En la actualidad, María Luisa es voluntaria de equinoterapia con niños en Aldeas infantiles, una experiencia que le llena de energía y de la que afirma que para ella es un auténtico chute de vida: “¡La alegría de los pequeños es contagiosa!” Juegan, habla con ellos, montan a caballo, hacen manualidades… Sin duda el suyo es un voluntariado muy activo que vive intensamente.

Sin embargo, una de las experiencias que más recuerda de sus inicios como voluntaria es una conversación con una niña, en la que percibió las consecuencias de todas aquellas promesas que se les hacen a los niños, y que quedan sin cumplir. Es un daño irreparable, sobre todo para estos niños que viven situaciones de desigualdad.

Quizá por esta misma razón, Maria Luisa vive su actividad como voluntaria dando el máximo, ya que además de ser útil para los niños, afirma que ella misma se beneficia de su tiempo con ellos: “A mí se me llena el corazón, me siento plena, me hace vivir en el aquí y el ahora. Por eso yo digo que es un “egoísmo altruista”, porque siento que no hay mayor satisfacción que la solidaridad”.

El voluntariado es un “egoísmo altruista” porque siento que no hay mayor satisfacción que la solidaridad.

Maria Luisa Suárez Naranjo