La música, una fantástica terapia online

Pilar Andújar, voluntaria de Sevilla, se vinculó al programa de voluntariado casi desde sus inicios, animada por el compromiso de la entidad con la acción social.

Desde su perspectiva, Pilar destaca, sobre todo, el enorme ratio de colectivos que abarca la Asociación de Voluntarios de ”la Caixa”, a los que se puede ayudar a través de las iniciativas disponibles. De todas las actividades en las que ha participado, recuerda con especial cariño una visita al teatro Cartuja Center de Sevilla, acompañando a asociaciones de menores de familias desestructuradas y centros de acogida: «Fuimos a escuchar a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla con una obra para niños. Queríamos hacer que se sintieran partícipes y descubrieran lo que la cultura les puede aportar».

En su voluntariado online, Pilar también ha tratado de llevar la música como herramienta para sobrellevar este tiempo de confinamiento. Estos días está realizando talleres musicales a distancia, en colaboración con ASPACE Sevilla. Esta asociación asiste a personas con parálisis cerebral, que residen en ella de forma permanente, y, también, a quienes acuden al centro de día.

A través de videollamadas en Zoom, todos los domingos, se reúne con un grupo de 15 a 20 asistentes de entre 22 y 50 años. Junto a su inseparable guitarra (Pilar está estudiando guitarra flamenca y guitarra clásica en la Escuela de Música de Écija), tocan y cantan una canción distinta en cada sesión pero siempre con mensaje positivo: «He intentado hacerles partícipes a ellos, cantando, bailando y tarareando conmigo, en función de sus posibilidades, claro. Conseguimos hacer el estribillo todos juntos y ellos se cogen de las manos y bailan, muy alegres».

Para mí es muy emocionante ver sus caras, riéndose y disfrutando con la música.

Pilar Andújar

Pilar transmite la emoción que siente al verles sonreír desde su tablet: «Están todos tan atentos, riéndose y disfrutando con las letras... ¡Nos da un subidón tremendo! Hasta mis hijas pequeñas, que me ayudan cada semana, lo disfrutan muchísimo».


Además de las canciones, también han fabricado un instrumento musical casero. Con materiales reciclados, como un macetero, cinta de embalar y una bolsa de basura, construyeron un “bongó” africano: «Este instrumento de percusión es muy fácil para ellos ya que se toca con las manos. Después de hacerlo, les expliqué cómo se tocaban los graves y los agudos y practicamos la escala musical. Fue muy divertido».

Después de varias semanas, Pilar reconoce que han alcanzado un nivel de complicidad muy bonito: «A la hora de hablarnos, lo hacemos todos por nuestro nombre. Siento la cercanía con ellos, sobre todo cuando les llamo por su nombre, y veo la cara de felicidad que me ponen».